Samsung Electronics acaba de liberar su Informe de Sostenibilidad 2026 y, más allá de los datos corporativos habituales, el documento muestra cómo la interna de la producción tecnológica se está adaptando a dos grandes presiones actuales: el cambio climático y el boom de la inteligencia artificial. Si alguna vez te has preguntado cuánto contamina o cuánta energía gasta fabricar el teléfono o la pantalla que usas a diario, este informe aterriza las métricas de la firma para reducir ese impacto.
El giro hacia los recursos circulares y la energía limpia
Para entenderlo de forma simple, la empresa divide sus operaciones en dos grandes áreas. La primera es la división de consumo masivo (DX), que es la que fabrica los dispositivos que manejas habitualmente. En este sector, la compañía logró que el 94.8% de su consumo total de energía provenga de fuentes renovables al cierre de 2025. Además, redujeron el gasto eléctrico de sus productos más representativos en un 34.4% si se compara con los estándares que manejaban en 2019.
¿Y qué pasa con los materiales? El plástico reciclado ya representa el 33.7% de los componentes plásticos de sus productos. Junto con esto, todas sus plantas de fabricación global obtuvieron la certificación de cero residuos al vertedero de UL Solutions. Básicamente, esto significa que el desecho ya no va a la basura común, sino que se reintroduce en la cadena productiva o se recicla.
La estrategia hídrica en la manufactura
La fabricación de tecnología es una industria que consume enormes volúmenes de agua, especialmente en el lavado de obleas de silicio para semiconductores. Aquí es donde entra el concepto de “Water Positive” o enfoque hídrico positivo. La meta de la compañía es devolver la misma cantidad de agua que consume para el año 2030. Hasta el momento, la división de consumo registra una tasa de reposición del 67.2%.
Por otro lado, la división de componentes (DS), encargada de la infraestructura dura y los microchips, implementó sistemas de restauración que devolvieron aproximadamente 240,000 toneladas de recursos hídricos a sus ecosistemas locales. Esto busca mitigar el estrés hídrico en las zonas donde operan sus complejos industriales.
Chips eficientes para sostener el avance de la IA
El verdadero desafío técnico para los próximos años está en los componentes internos. La inteligencia artificial requiere centros de datos masivos que consumen energía a un ritmo crítico. Para evitar que la huella de carbono se dispare, la división de semiconductores está diseñando hardware nativamente eficiente, como las memorias de alto ancho de banda HBM4 y las unidades de almacenamiento PM1763.
La proyección técnica para 2030 es ambiciosa: planean cuadruplicar la eficiencia energética de sus unidades SSD para servidores y mejorar en 2.5 veces la de sus memorias HBM. La lógica detrás de esto es directa: si los componentes que procesan la IA consumen una fracción de la energía actual, los servidores globales podrán escalar su potencia sin colapsar las redes eléctricas locales.

